¡Y EN ESO LLEGÓ URDANGARIN!

 

 

¡ Y EN ESO LLEGÓ URDANGARIN !

 

Conversación virtual, que pudo ser real, pero que no lo fue: un conserje de cualquier Ministerio de La Comunidad Valenciana, que informa a su jefe: Ha llegado un chico joven que dice apellidarse Urdangarín y jugador de Balonmano que quiere hablar con el director de la cosa de deportes.

Contesta el jefe de la oficina: ¿pero de qué partido es?.

Conserje: no me ha dicho nada de partidos, pero si fuese de los nuestros ya me lo habría dicho, o vendría presentado por alguno de los de Correa.

Jefe: entonces dile que el director no puede dedicar su tiempo a todo el mundo que pretenda hablar con él para contarle sus genialidades. No tiene tiempo para escuchar todas las mamarrachadas, que a la gente se le ocurra. Bueno… no le digas lo de mamarracho, porque igual es amigo de alguno de los nuestros. En resumen que escriba al director diciendo lo que quiere.

Conserje: es que además me dice que con quien realmente quiere hablar es con el presidente.

Jefe: mándale suavemente a hacer puñetas que no estamos aquí para atender a cualquier iluminado que pretenda hablar con el general sin contárselo antes al sargento.

Fin

Esta conversación que, cómo se dice en algunas películas “cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia”. Pudo haberse producido si el balonmanista hubiese tenido la osadía de pretender organizar las actividades que después realizó. La organización de aquellos eventos fueron adjudicadas al ya esposo de la Infanta Doña Cristina. ¿Por su gracia personal, o “por Ser Vos quien Sois”?.

Doña Cristina debió de alertar a su esposo de que también la Monarquía tiene hoy sus límites. Límites que el señor Urdangarín se pasó por el “Arco del Triunfo” o “el de su triunfo”, que ha arrastrado a ambos. La pasión también tiene sus límites.

Todo el mundo nos puede engañar, pero no durante tanto tiempo. Es muy fácil, y además normal, que en este ambiente público de corrupción generalizada y de enriquecimiento inmoral, pueda considerarse, igualmente normal, su propio enriquecimiento. ¡Todo es posible!. Pero, cuando se es mayor de edad y de la familia Real, hay que saberse los límites. Y Doña Cristina debió de valorar a aquel “chulito”,” en palma…do,re,mi,fa,sol” claramente sobrevalorando su activo sexual.

Todo lo anterior viene a cuento, después de leer la información de que el juez José Castro, no se amilana ante la fiscalía y prosigue su imputación como cooperadora necesaria de la Infanta, en las correrías financiero-fiscales de su esposo, cómo ocurriría a cualquier otro matrimonio. No es fácil asumir que Doña Cristina estuviese en la inopia.

El guión de la comedia inicial, puede, o debe, entenderse como lo que hubiese sido el trato recibido por al señor Urdangarín sin la circunstancia “de esposo de la Infanta”.

Un URRA para el juez Castro, y para todos los jueces con personalidad e independencia, ¡que los hay!. Una cosa es la Ley, creada por los políticos, y otra el sentido común, lo justo y lo equilibrado, que a veces no coincide. Lo justo debe de ser legal, y si no lo es, esa Ley injusta debe de cambiarse, aunque se salga del guión, o de las conveniencias e intereses de los partidos políticos.

La injusticia legal solo es comprensible en una dictadura “democrática”. ¿Y esto que “disfrutamos” que es?

 

Lesmes Peña Hurtado. De CiBu (Ciudadanos DE Burgos. NO DE CATALUÑA)

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