VENDAMOS LO NUESTRO: EL FRIO DE VERANO

VENDAMOS LO NUESTRO
BURGOS, UN LUGAR DONDE AL FRIO LLAMAMOS FRESCO

Para ningún burgalés resultará novedad la alusión al frio de Burgos cuando se conoce a alguien de fuera de nuestra provincia. Como a los demás, a mí me ha sucedido en cientos de ocasiones. La respuesta utilizada por mí ha sido: sí, es cierto, en Burgos hace frio, pero en invierno no mucho más que en otros sitios, en todas partes hay que abrigarse en esa época.

Cuando de verdad hace frío en Burgos es en el verano. Especialmente por las tardes que es cuando “sale el fresco”. Es en ese momento cuando Burgos “da la mínima” y cuando se produce esa diferencia con otros lugares “menos fríos”, cálidos o excesivamente calurosos, que son mayoría en España.
En el verano de Burgos no tenemos problemas para dormir y no necesitamos más aire acondicionado que abrir la ventana, cosa que no puede hacerse en la mayoría de la península ibérica. Por ello aquí no es recomendable echarse a la cama y dormir sin ropa encima.

Hecha esta primera reflexión, es cuando viene la segunda, que es la más interesante.
Cada lugar resalta las “cosas”, que pueden ser atractivas para personas de otros sitios, “Venden lo suyo”: en Galicia, los mariscos; en las Vascongadas, la gastronomía; en Andalucía, el sol o los “pescaitos”; en todo Levante, la playa, el mar; en Cataluña, Aragón o Granada sus pista de nieve, y en Valladolid, “el Pisuerga” que pasa por allí.

Nosotros tenemos como “marca”, el frío, pero como elemento negativo, y ¿por qué no convertirlo en un atractivo turístico?, ejemplo “Verano en Burgos, no más noches sin dormir” “Disfrute de una noche de verano de las de Burgos” “En las noches de verano de Burgos el aire acondicionado entra por la ventana. Disfrútelo” “Burgos en verano: Arbolado, sombra, paseos, terrazas, deliciosa temperatura. Compártelo con nosotros”.

Lesmes Peña Hurtado

Un comentario en “VENDAMOS LO NUESTRO: EL FRIO DE VERANO

  1. Yo he tenido la desgracia (al menos para mí lo era) de vivir veinte años en Madrid. Mi lugar de trabajo estaba al norte, al final de la calle Arturo Soria, y le aseguro que hacía el mismo frío que aquí; en el barrio de Salamanca, donde vivía, era otra cosa. Pero tambien, en invierno, pegaba el airecillo del Guadarrama. Esto lo llevaba bien, lógicamente. Lo terrible eran los veranos… ¡cómo echaba de menos a Burgos! Desgraciadamente, por mi profesión, aquí no había trabajo para mí, si no, me hubiera vuelto el primer año que lo sufrí. De día mal que bien se aguanta con el aire acondicionado, pero las noches… no podía ponerlo porque me afecta a la garganta y los oídos y dormía poquísimo y mal.
    Bendito Burgos, no sabemos lo que tenemos.

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