TENER BUEN PERDER O MAL PERDER

 

TENER “BUEN PERDER” O “MAL PERDER”. En este enfrentamiento entre partidos políticos, al que estamos asistiendo en el presente, salen a la luz comportamientos entre quienes compiten por “EL PODER” que resultan chocantes, por no decir impropios. Un buen ganador no califica de perdedores a los demás contendientes o competidores, ni recuerda permanentemente Soy el ganador; humillar al contrario no es de buen ganador . Pero en esto de la política está casi todo permitido, incluso las medias verdades que suelen ocultar grandes mentiras, como ésta del que dice ser El Ganador.

El “pacto de perdedores”,  anunciado insistentemente durante la campaña electoral por el señor Rajoy, parece ser el resultado final de esta competición, ya que todos son perdedores, porque ninguno “en castellano, llano” va a ganar lo que persigue: repito, EL PODER  (en mayúsculas), como hasta ahora ha ejercido el PP, y que no ha gustado a un tercio de sus anteriores electores. Perder uno de cada tres votos, no puede considerarse una victoria, aunque se repita miles de veces como papagayos.

El final de esta excesiva teatralización de la política, podrá ser: un pacto entre PP y Ciutadans, (más los ya conocidos chupópteros negativos)(malo);  entre PSOE, Podemos, (más otros, o los mismos chupópteros anteriores) (malo). En todos los casos será un pacto entre perdedores, porque ninguno a obtenido el respaldo mayoritario de los ciudadanos.

Lo único que tiene sentido de Estado, es el pacto entre los dos grupos mayoritarios, que suman suficiente representación como para no necesitar pactos extraños al interés de la Nación española. Todo lo demás es “chapucería política”  indecente, tras la búsqueda del interés partidista y especialmente personal. Mal servicio harán a los españoles los señores Rajoy y Sánchez, o lo que es lo mismo PP y PSOE, si no llegan a un acuerdo de gobierno, en el que además se salvarían los dos de “la quema política personal”.

En cualquier caso ha sido cosa buena este tratamiento de humillación personal y política, para todo el entramado humano de los partidos políticos, que son los responsables de la caída del aprecio de la ciudadanía respecto de todo el cambalache político: nacional, autonómico, provincial y local. De todo ello se deduce que son muchos los apetecibles puestos de trabajo que ofrece la política (en minúsculas) y muchas las personal interesadas en ocuparlos.

Lesmes Peña Hurtado.

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