Solo puede acreditarse que una persona es honrada, si ha tenido la posibilidad de dejar de serlo

 

Solo puede acreditarse que una persona es honrada si ha tenido la posibilidad de dejar de serlo

 

Cada día nos resulta menos escandaloso el conocimiento de casos de corrupción. Aunque hay que aclarar que no se puede afirmar que todos los políticos sean corruptos y participen. Será la excepción que confirma la regla.

 

El concepto “corrupción” no se interpreta de la misma manera entre la clase política, o dirigente, y el resto de los mortales. Para los enganchados, aunque sea en un chiringuito, la acepción es laxa, relajada y si se medio legaliza ya no hay duda: todo correcto.

 

Pero la ciudadanía en general no enganchada a ninguna teta”, directa o indirectamente, la corrupción es algo muy grave. Esta parte de la sociedad entiende correctamente que se trata de sinvergüenzas. El que una mangancia esté más o menos disfrazada de legalidad, no relaja la consideración hacia esas personas que se apropian de manera desvergonzada de algo que no es suyo, no tiene disculpa para los ciudadanos civiles.  Seguramente serán legales los colocados “a dedo” pero son de dudosa moralidad. ¡No nos engañemos, por favor!

 

En todos los casos de corrupción hay una partida de mangantes, generalmente organizados, como ha quedado demostrado, pero lo más grave es que sus propios partidos y partidarios, intentan, en ocasiones,  disculpar a los “robaperas si son de su casa”.

 

La credibilidad de los dirigentes de toda España está en crisis, además de la galopante recesión de la honradez, pero no sólo es en la política, es en cualquier cargo, carguillo o carguete, donde exista la posibilidad de llevarse algo, lo que sea.

 

Y lamentablemente no se ven brotes de dignidad. Nos iremos enterando de vez en cuando, de nuevas formas de corrupción, que serán motivo de escándalo por unos días,  pero para las personas enfermas de partidismo, o mejor sectarismo, esto será criticable solo cuando el, o los, sinvergüenzas sean de los otros  (los malos) y disculpable cuando sea de los nuestros.

 

Pero, mira por donde ahora sale a relucir uno de esos escándalos: Bankia en los que están implicadas de las dos manos, además de empresarios, sindicalistas y etc. etc… Una generalizada representación de dirigentes de buena parte de la sociedad española. ¡Todo un abanico de la España real! (nunca mejor dicho, en sus diversas acepciones)

 

Está claro que cuando la mayoría del personal tiene la posibilidad de beneficiarse de algo, se pierde el sentido de la responsabilidad, de la dignidad, de la honradez y etc. Y yo lo he vivido en primera persona en la Federación Española de Caza y en Mutuasport (la Mutua de los cazadores) donde he sido presidente de ambas entidades, sin acusación alguna de “meter la mano al cajón de los cuartos“. Posteriormente he tenido conocimiento del abuso económico de mis continuadores.

 

¡Qué vergüenza, Señor, qué vergüenza! Nada menos que un ministro del gobierno de España y de otras responsabilidades económicas supranacionales. ¿Cómo es posible vivir con esa losa de indignidad? Supongo que el señor Rato pedirá la baja como español, para no mancharnos a todos. Recuerda el ¡Vayasé señor…!, pues aplíquese el cuento y desaparezca. No más Rato mangando.

 

Del análisis de los ochenta y seis poseedores de tarjeta “sucia”, se nos dice que tres o cuatro, no han participado del “pastel”. Quizás habría que conocer más datos sobre estas personas y sus otros cobros, pero, en principio todo apunta a un comportamiento diferente.

 

Con los datos que se han ido publicando, podemos hacer la cuenta por aproximación: si eran en total 86 los beneficiarios y 4 los que no han participado, ello supone que el 95% entendió que esto de “disponer a su libre albedrío de una tarjeta para gastar sin limitaciones, libre de impuestos y sin control del Fisco, era lo normal”. De los 86, solamente el 5% optó por la decencia, o por lo menos por la prudencia. Nada menos que el 95 % restante, optaron por la indecencia. ¡Qué vergüenza para todos los españoles de bien!. ¡Y esta es la representación del pueblo español! No nos equivoquemos, ahí estamos representados todos  ¿Cómo nos verán en el extranjero? Y a mí me asalta la pregunta ¿en cuántos sitios más se habrán vivido situaciones similares, aceptando la dádiva sin una brizna de duda?. ¿Cuántas personas lo verán como comportamiento normal?. ¿Y los que piensan que el que “no se lo lleva” es porque es tonto. Vivido por mí.

 

Lo expuesto viene a demostrar el porcentaje de españoles “presuntos mangantes”: el del 95%. Si no lo son aún, es porque no han tenido la posibilidad de hacerse con lo que no es suyo. Sólo una pequeña representación: el 5%, que en situaciones similares se comportarían correctamente.

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Todo ello viene a certificar la frase que encabeza este escrito: SOLO PUEDE ACREDITARSE QUE UNA PERSONA ES HONRADA, SI HA TENIDO LA POSIBILIDAD DE DEJAR DE SERLO.

 

Al que no haya tenido esa oportunidad, será como en la Mili, que se anotaba en cada cartilla personal, Valor: se le supone. Aquí podría ser, Honradez: se le supone. Pero nada más.

5 comentarios en “Solo puede acreditarse que una persona es honrada, si ha tenido la posibilidad de dejar de serlo

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