CORTINA DE HUMO Y PUBLICIDAD POLÍTICA.

Parece que al Gobierno del señor Sánchez no se le acaban las noticias espectaculares. La última “encendida de bombilla” o “genialidad” se refiere a la prohibición, a partir de 2.040, de la fabricación y matriculación de vehículos ligeros con motores de combustión interna de gasolina o diésel.
Inicialmente parece una cosa seria, pero debemos analizar: parece que se refiere solo a vehículos ligeros, que no afecta a los de transportes de mercancías o personas, ni tampoco a tractores o maquinaria pesada utilizada en grandes obras públicas.
Y las preguntas del millón ¿Qué porcentaje de gases nocivos se van a eliminar?¿Qué piensan en los países de nuestro entorno?¿Habrán consultado con algún otro país? Todo esto suena a improvisada e irresponsable publicidad política, sin valorar para nada las consecuencias.
Las personas y las empresas seguirán utilizando, y por tanto comprando los vehículos que les convenga durante estos próximos veintiún años, con motores de una clase u otra, pero no es probable que volvamos a los coches de caballos.
Lesmes Peña Hurtado

CATALANES, VASCOS Y CANARIOS, Los listos

CATALANES, VASC OS y CANARIOS a “chupar del bote”
Y nosotros gobernados por unos políticos “generosos” que regalan nuestro dinero a vascos, catalanes o canarios, para seguir montados en el “machito”.
Los acertados son los votantes catalanes, vascos y canarios que votan a los partidos que defienden su tierra y los equivocados los que nos perdemos en la discusión de si son “galgos o podencos, o rojos, o azules, o morados, verdes o de color butano”. Reconozcamos que como colectivo somos unos gilipollas, y que por tanto tenemos lo que nos merecemos: un centralismo pueblerino que ha manipulado la historia, como han hecho los demás nacionalismos, pero sin ninguna de las ventajas que han logrado los políticos Vascos, Catalanes, o Canarios. ¡Así nos va!
Lesmes Peña Hurtado

AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS

AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR, Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS.
Confieso que mi opinión es dura con el poder, soy crítico porque pienso que para ponerse medallas ya están los propios políticos, sus partidos y los medios de comunicación afines.
En el año 2.017 tuve que renovar mi Pasaporte. Acudí a la Comisaría de Policía. En la entrada una señora facilitaba los números de orden, y con el papelito regalaba una sonrisa, algo poco habitual en aquel organismo. Una vez conocido mí número, observé en las pantallas, que me faltaban bastantes números para ser atendido, así que: paciencia. Fijo mí atención en las mesas y en los funcionarios que estaban atendiendo al personal civil: nada menos que 12, y por tanto se apreciaba bastante agilidad y la espera no fue excesiva.
Sigo con el relato: aparece mi número en la pantalla, me acerco a la correspondiente mesa y veo que me atiende la misma señora, o señorita de la entrada; Llevaba en mi “mochila” la duda por el pago de las tasas, pues supuse que (como en otras dependencias de la Administración) tendría que salir a hacer el ingreso en alguna entidad bancaria; pero no fue así, todo fueron facilidades. Como para la renovación del Pasaporte se precisa el DNI, se lo entrego y me dice que está inutilizado por la pérdida de un chip (vaya… otro contratiempo), pero en ese clima de comprensión, la señora gestiona con otro compañero la confección de un nuevo DNI para facilitar la renovación del Pasaporte; pocos minutos después llega el funcionario con el documento actualizado, y, a renglón seguido me hice cargo de mi Pasaporte renovado. Todo fue así de fácil.
Por todo ello quiero felicitar a toda la organización, empezando por las personas que, paciente y amablemente, tratan directamente con la ciudadanía, soportando, seguramente, más de una tarascada, y naturalmente procede la felicitación a todos los escalones del Cuerpo Nacional de Policía, porque este milagro no se ha “fabricado” por casualidad. Bueno sería que la Administración del Estado, en todos los estamentos políticos, Central, Autonómico y Local, asumiesen este ejemplo y se frenara la dictadura del aparato burocrático que nos oprime cada día más. Lesmes Peña Hurtado