La eterna contradicción de la política

LA ETERNA CONTRADICCIÓN DE LA POLÍTICA.
La Ley prohíbe el uso de sustancias adictivas porque supone un peligro para las personas. Para su persecución el Estado dedica muchos recursos. Pero ese mismo Estado, genera una clara contradicción cuando permite una machacona publicidad que alienta y estimula otra adicción no menos destructiva que los estupefacientes: me refiero a la Ludopatía. Esta patología, al igual que el consumo de estimulantes, genera unos trastornos personales y familiares de consecuencias impredecibles y destructivas para las personas que lo padecen, y que lo sufre además todo su entorno..
Por si fuera poco, en las capas sociales donde hace más estragos esta adicción es precisamente en sectores de la población con recursos económicos escasos, que confía en el azar para mejorar su nivel de vida, que es lo que promueve la publicidad del juego.
La guinda la está poniendo ahora la propia TV pública con la publicación de anuncios para promover llamadas a números de teléfono que paga quien efectúa la llamada: los 906; 905, etc. Cuando llegue la factura tendrán que pagar esas “inocentes llamadas” para lograr premios en metálico, coches o cualquier cosa que fomente esta indecente manera de ganar dinero a cuenta de unos cándidos “pardillos”.
Las empresas o entidades que organizan esos juegos, lo hacen para obtener unos beneficios, que lo es, naturalmente, a costa de los jugadores que lo pierden, que, ¡no se olvide!, son la inmensa mayoría. Todo ello se convierte en una forma de recaudación del Estado y con ello no se contribuye a crear riqueza o puestos de trabajo, sino pobreza y frustración.
La sabiduría popular lo ha tenido siempre muy claro: “La mejor lotería, el trabajo y la economía”, y la publicidad del juego “vende” que hay que confiar en el azar para mejorar la economía, que es una gran falacia, digna de mentes retorcidas y despreciables.
Por todo lo que antecede procede proponer la prohibición de todo tipo de publicidad que conlleve el estímulo o engaño a confiar en el azar para lograr los sueños de mejora económica. No propongo la supresión de la lotería, ni el cupón, ni las quinielas, ni nada que sea coartar la libertad, pero sí prohibir la engañosa publicidad.
Lesmes Peña Hurtado

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