¿ES BUENA LA DESCENTRALIZACIÓN O NO?

Las Diputaciones. ¿Es buena la descentralización o no?

 

De vez en cuando se oye hablar de propuestas de desaparición de las Diputaciones Provinciales. Reconozco que no comprendo el razonamiento de estas propuestas, porque sólo he oído la enunciación, pero no ninguna explicación coherente.

 

Todas las opiniones son dignas de respeto, incluida la mía, porque es seguro que se hacen desde la buena fe. Cada cual expone su punto de vista y yo, además de enunciar lo que antecede, me voy a permitir exponer mis reflexiones al respecto.

 

A favor de defender la existencia de las diputaciones provinciales está el hecho constatable de que la autonomía del País Vasco es de las que mejor funciona a muchos niveles y son precisamente las diputaciones provinciales las que gestionan gran parte de estas competencias, con notables ventajas para los ciudadanos de esas provincias.

 

Similar reflexión podemos hacer respecto a las autonomías uniprovinciales, en las que diputación y comunidad autónoma funcionan al unísono y a satisfacción de sus “suertudos” ciudadanos. ¿Por qué no podemos las demás provincias aspirar a esa beneficiosa situación?

 

Los hechos evidencian que la administración más cercana es la que mejor funciona, porque todos nos conocemos y el enchufismo y la corrupción se notan cuando se está más cerca. Por el contrario la administración lejana permite mucho más libertinaje del gremio político.

 

Más pronto o más tarde serán rechazadas las autonomías pluriprovinciales, que  han demostrado ser un error histórico. Cuanto antes se reconozca el error, más pronto se podrán adoptar las mejoras. Y las diputaciones provinciales deben de estar ahí, cuando se produzca la supresión del GRAN ERROR del siglo XX.

 

La Comunidad de Castilla y de León, una de las primeras cosas que hizo fue suprimir la palabra provincia; a la vez, en los mapas editados por la Junta, allá por los años ochenta y tantos, fue borrar los límites provinciales. Todo ello en un claro atentado a la existencia del concepto provincia de la que su máxima expresión es la diputación. ¿A que vienen sino las denominaciones de delegaciones territoriales de la Junta, en lugar de delegaciones provinciales?

 

Por el contrario yo creo que, puestos a suprimir, ¿por qué no suprimimos las comunidades autónomas que son las que han creado la mayor parte de los problemas que tenemos los españoles?: el desbocado aumento de la  burocracia, doblando o triplicando funciones y funcionarios, en muchos casos en forma de descarado enchufismo. ¡Pero como está lejos y está todo muy agrandado, sólo lo intuimos!

 

Las Comunidades Autónomas será quizás el agujero más importante por donde se escapa el dinero de todos los españoles y donde se han dado los más escandalosos casos de corrupción, lo que no ha ocurrido, que se sepa públicamente, en las diputaciones. Entonces, ¿Qué hacemos? ¿Suprimimos las controladas diputaciones o apoyamos los nidos de corrupción, despilfarro y enchufismo que son la mayoría de las autonomías pluriprovinciales?

 

Hoy, seria obligatorio, no solo respetar a las diputaciones, que  existían dos siglos antes que las CCAA, y que han hecho, a lo largo de ese tiempo, méritos propios para no cuestionarse su existencia, sino potenciarlas.

 

Lo que procede hoy es la creación de una “Hoja de Ruta” para el  traspaso de competencias de las autonomías hacia las diputaciones, lo que sería la verdadera descentralización, que hasta ahora no se ha producido, porque lo que se ha hecho hasta ahora ha sido cambiar el centralismo tradicional de Madrid por otro de nuevo cuño, pueblerino, más centralista e inútil.

 

La provincia es nuestro sentimiento de patria chica, nuestras raíces, nuestras costumbres, que se han tratado de sustituir por el invento autonómico. Un claro ejemplo es la Fundación Villalar, que tiene por objetivo crear sentimiento de comunidad: un claro derroche sin fuste ni futuro.

 

L.P.H.

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