EL PÁNICO A LOS FUEGOS ARTIFICIALES Y TODO LO CONTRARIO

DE LOS FUEGOS ARTIFICIALES Y DEL CANTO DEL HIMNO A BURGOS.
Es comprensible que después del accidente provocado el pasado año por los Fuegos, se hayan de tomar unas medidas preventivas, pero tampoco es cosa de “dar un golpe de péndulo” llevando estas medidas hasta situaciones que parecen extremas. Bien está la prevención, pero sin llegar hasta el extremo de limitar el número de personas presentes en actos dentro de amplios recintos totalmente cerrados. Estas extremadas prevenciones nos pueden llevar a pensar que esto que siempre ha sido visto con mucha naturalidad, sea algo que no hemos valorado suficientemente por su peligrosidad ¿Si tan peligroso es esto de los fuegos artificiales, porque no se suprime o se traslada a un lugar alejado de la población? ¿O es sólo parafernalia política, como casi siempre? ¡Esto nos demuestra la tecnología y competencia de la empresa pirotécnica! O ¿será otro cambalache más, como la inexplicable adjudicación de la cafetería de Fórum? Parece tonto asumir tanto riesgo en algo que, es espectacular, pero no importante para la ciudadanía en general.

Muy al contrario del despliegue protector de las personas por los fuegos, es la falta de previsión y prevención, en la celebración del canto del Himno a Burgos celebrado ante el Arco de Santamaría, donde se produce una considerable concentración de personas en el Puente del mismo nombre; en el inició del paseo de la Isla y en la parte del Espolón próxima al puente. El espacio se queda pequeño para el número de personas que allí se concentran, y por tanto se genera un apelotonamiento de gentes. Cuando se termina el canto sucede que se tarda mucho tiempo para dispersarse el gentío, porque cada persona quiere ir en la dirección que desea y se produce una enorme confusión en todos los sentidos: unos para un lado, otros al contrario y otros intentando cruzar. Tampoco contribuye para aligerar esa evacuación, el “generoso apartado político” que reduce considerablemente el espacio de evacuación. En resumen, el mensaje es que si se produjese algo inesperado, como unos petardos y un bote de humo, como sucedió en la discoteca de Madrid, la estampida sería inevitable ¿nos hacemos una idea de lo que sucedería?, todos intentando separarse de los petardos o del humo, en un “sálvese quien pueda”. Mejor será pensar en evitarlo. Bueno, pero sin llegar al extremo de que tengamos que cantar en Sarracín o en San Medel, pongamos por caso, porque todo es posible en esta ciudad.

Lesmes Peña Hurtado

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