DIPUTACIONES. SUPRESIÓN: PELIGRO.

 

SUPRESIÓN DE LAS DIPUTACIONES: QUÉ SE PRETENDE.
Algún día tendría que salir este tema, y ya ha salido G.a D.
Desde que empezó aquel contubernio, mal llamado proceso de descentralización -capitaneado por catalanes y vascos- hemos ido viendo como el tal proceso ha ido degenerando progresivamente hacia un nuevo tipo de centralización pueblerina, convertido en oficina de colocación de personal improductivo. Todo el entramado ha ido creando alrededor de los reyezuelos políticos y asimilados de “Las Cosas Autonómicas”, un aparato burocrático desproporcionado para la transcendencia de los asuntos a resolver: Consejeros, Directores Generales, Subdirectores, Jefes de tal o cual cosa, donde para la adquisición de unas gomas de borrar y unos lapiceros, se tiene que reunir un montón de personas ¡Hay que ser transparentes!: una broma.
Los asuntos de interés económico importantes se resuelven en despachos privados, donde se “cuece” la corrupción, y por donde se va el dinero de nuestros impuestos.
Y ahora aparece el tema de las Diputaciones, que no es una simpleza, como algunas personas ven y dicen. La simpleza es no darse cuenta del alcance de esta “tontería”.
La política catalana, ha dejado demostrado, que tiene obsesión por hacer desaparecer las provincias, y esta es la segunda parte de la creación de esa Nación de Naciones que desea Cataluña colectivamente. No nos engañemos, el catalanismo español no existe: Los catalanes -quizás haya alguna excepción-, primero son catalanes, y en segundo lugar, de derechas, de izquierdas, e incluso españoles, pero cada cosa en su sitio.
La primera fase se fraguó en uno de aquellos cambalaches cuando para elegir el presidente del Gobierno de España se necesitaban los votos (por la gobernabilitat del señor Pujol) de los partidos catalanes: se aceptó la supresión de todas las representaciones y delegaciones del gobierno de la Nación en las provincias periféricas de las comunidades autónomas: un primer apoyo a los nuevos centralismos, encantados de la medida, (todo tiene que pasar por el Centro), y un paso más hacia la Nación de Naciones.
La tercera fase es la supresión del Senado -que ya estará pactado con el “inocente españolista” señor Albert- que se sustituirá por un Consejo de presidentes autonómicos, en el que de forma lógica el mayor peso y por tanto, Poder, lo tendrá la autonomía catalana, (más la Vasca) porque, de una forma u otra, la elección del presidente del gobierno de España seguirá en la tónica actual: condicionada por los votos catalanes y vascos. Y más ahora con un partido que se dice españolista, pero que está por ver. Apliquemos la máxima castellana: Dos y dos son cuatro, pero “en viéndolas”·
Así que “ojito” con los nuevos, e interesados, defensores de la supresión de la única representación de la provincia. ¿Sobra la Diputación, o las Autonomías? O, ¿quizás sobra el Gobierno de la Nación  española y pasar todas sus competencias a ese Consejo de presidentes autonómicos y así creamos la Unión de Repúblicas Españolas: la URRE? O, ¿Estamos todos tontos?
Lesmes Peña Hurtado.

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