Declaración de intenciones

¿Por qué mi Blog “El Ministerio de la Mentira”?

Como sabemos en el libro de George Orwell: 1984, se describe el funcionamiento de un Estado totalitario hasta límites, cuando fue escrito increíbles, pero con el tiempo la realidad se ha ido acercando a aquella disparatada situación. Hoy ya no es tan distante la realidad y la ficción que describe el autor: “el poder es el valor absoluto y único: para conquistarlo no hay nada en el mundo que no deba ser sacrificado”, solo falta un poco más de crueldad con los súbditos para acercarnos a aquella ficción, aunque el estrujamiento que sufrimos los ciudadanos a través de los impuestos: directos e indirectos, ya es una forma de crueldad, más sibilina, pero crueldad real, porque al final todos los ciudadanos estamos trabajando para mantener el aparato político del Poder “absoluto y único” que es lo importante: los demás somos los pecheros de la edad media , amenazados con un daño inmediato de no pagar lo que se nos exige, aunque sea totalmente injusto (no digo legal, porque ya sé que son los políticos los que hacen la leyes a su conveniencia).

George Orwell Fte: Wikimedia Commons
George Orwell
Fte: Wikimedia Commons

Lo justo debiera de ser legal, pero los que mandan no pretenden ser justos “todo debe de ser sacrificado ante el poder como valor absoluto”
A los efectos de moldear el pensamiento y los sentimientos de sus súbditos (hoy aun ciudadanos) en autor crea el Ministerio de la Verdad, que era lo único que había que creer y hay una frase que llega al extremo y que hoy se podría aplicar a determinados comportamientos de las sectas políticas “El Partido os decía que negaseis la evidencia de vuestros ojos y oídos. Ésta era su orden esencial”.

Hoy estamos viendo con que indecencia se pretende que la evidencia del abuso del poder político (dueños de vidas y haciendas) hay que negarla. La sabiduría popular acuñó al paso del tiempo la frase “lo evidente no necesita demostración”: hoy es evidente para personas no enfermas de sectarismo, que la corrupción en todos los sentidos y en todos los ambientes de cualquier Poder es quien decide sobre todo y los ciudadanos mansamente lo legitiman, e incluso sacralizan a través de otorgar su representación a los políticos, por medio del voto.
También en el repetido libro se describe lo que denomina el autor “La policía del pensamiento”. De esta labor en el presente se encargan los autodenominados “creadores de opinión”, que siempre va en la defensa de unos y el demérito de los contarios. Hacienda sabrá si lo hacen “por amor al arte”
Ante esta situación donde tenemos múltiples “Ministerios de la Verdad” o sea, todos, a través de los gabinetes de información y la distribución de las enormes cifras de publicidad institucional que reparten entre los afines, es el momento en que procede crear el “Ministerio de la mentira” que tiene por objeto sentir el placer de decir lo que a todos nos parezca, amparados por el principio de que como todo es mentira, aunque parezca verdad, no hay que preocuparse, apurando la esencia del cinismo de la escuela de Sócrates. Y si es posible la ironía para dejar con “el culo al aire” a toda la medianía, que desprecia y expulsa de su campo de acción a personas que “hacen, o pueden hacer sombra”.

Así que esta puerta está abierta a toda persona que con el respeto debido (no se olvide, por favor) pueda expresar libremente lo que sus sentimientos le dicten y, por supuesto, también a quienes estén en desacuerdo.

Aquí no estamos condicionados por la contratación de la publicidad institucional y por tanto nada material que proteger. Solo se pretende proteger la libertad de pensamiento (la que menos gusta a los políticos) y la facilidad y libertad para poder expresarla.

Y para terminar, únicamente recordar a D. Ramón Campoamor, que escribió en 1887: En este mundo traidor/ nada es verdad ni mentira/ todo es según el color /del cristal con que se mira.
Los colores menos aconsejables para el cristal: el rojo y el azul, que deforman la realidad, el único recomendable es el transparente.
Lesmes Benito Peña Hurtado