DE LA ANUNCIADA MUERTE DE UN PEATON ATROPELLADO POR UN CICLISTA

 

DE LA ANUNCIADA MUERTE DE UN PEATON EN UN PASO DE PEATONES O EN UNA ACERA.

Y si las cosas no se solucionan con normas claras que paralicen los excesos de algunos ciclistas, la señora que falleció víctima de atropello por un ciclista, no será la última.

Sabemos que “la costumbre hace Ley”. Y la costumbre por parte de la generalidad de los ciclistas va imponiéndose: algunos vemos que las bicicletas no tienen limitaciones como la tienen los vehículos a motor y los peatones. ¡Y no se te ocurra protestar!

En una página Web a mi nombre, escribí respecto de las propuestas de los partidos políticos “Tampoco he oído nada respecto del miedo que a las personas mayores nos producen los ciclistas por las aceras” “hasta el día que se produzca un accidente grave”. Bueno pues ya se ha producido. “Hacer compatible el espacio reservado a los peatones con los ciclistas, es un problema sin solución a base de aspirinas”.

Quizás los ciudadanos tengamos que hacer lo que debieran de hacer los partidos políticos, y esto es, denunciar por vía penal a quienes tiene la responsabilidad de velar por la seguridad de las personas y no lo hacen.

Procede recordar que existe una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, por la que se condena a un ayuntamiento “Por Desidia” al ignorar una situación conocida de riesgo real. Y el riesgo que representan algunos ciclistas es evidente. Ignorar el riesgo por parte del Ayuntamiento es una Desidia.

Lesmes Peña Hurtado

 

Un comentario en “DE LA ANUNCIADA MUERTE DE UN PEATON ATROPELLADO POR UN CICLISTA

  1. Buenos días, don Lesmes. Me ha gustado su comentario y me he sentido muy identificada con él, porque ya hace unos cuatro o cinco años, mi padre pasó un calvario por culpa de una bicicleta que le embistió por la espalda cuando caminaba por la acera de nuestra calle, Padre Diego Luis de San Vitores. Iba paseando despacito (tenía entonces 90 años) cuando una bici le dió un golpe por detras de la pierna (le rompió un músculo) y lo tiró de bruces contra el suelo. Se dió además un buen golpe en la cabeza, clavándose las gafas en la ceja; tuvo la cara morada durante un par de meses. Total, veinte días de hospital, y tuvimos mucha suerte ya que los médicos temían un derrame cerebral que por suerte no ocurrió.
    El ciclista en cuestión debió ser un chaval de unos quince años, que también cayó al suelo, y cuando se levantó, según dos vecinos que recogieron a mi padre del suelo, salió pitando sin decir ni Pamplona.
    Nos aconsejaron que denunciáramos y lo hicimos; para nada, claro, sólo para que se supiera que estas cosas están pasando.
    Afortunadamente mi padre se restableció, pero nuestra calle, así como San Pedro de Cardeña, parece una pista de ciclismo (y no le digo el paseo de Atapuerca y la Quinta). No podemos salir tranquilos. Yo ya le tengo prohibido que salga solo, porque corre un auténtico peligro; al estar también bastante sordo no oye si una bicicleta se acerca.
    Por eso me parece muy atinado lo que usted dice acerca de la desidia del Ayuntamiento. Me consta que las personas mayores salen asustadas a la calle, al menos las de la zona donde yo vivo.
    Un saludo.

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