CON EL ACTUAL SISTEMA POLÍTICO NUNCA SALDREMOS DE LA CRISIS

El actual sistema se basa de forma indecente, fundamentalmente en aumentar la diferenciación económica entre los ciudadanos. Hoy, para unos hablar de 1.000 € de retribución mensual, es, sencillamente insultante. Pero para otra parte importante de la sociedad es motivo de alegría e incluso euforia.

Pero ¿esto es natural? No. Desde la llegada de la democracia se ha ido tejiendo una especie de tela de araña en la que nos ha ido enredando a toda la ciudadanía. La fórmula ha sido simple: se ha inoculado el veneno de las sectas a través de los conocidos dogmas políticos, identificados como derecha e izquierda. Todo este manejo ha ido entonteciendo a la sociedad en general, que lejos de dar su voto, utilizando el sentido común, ha dado un cheque en blanco a cualquiera de los partidos en liza, que lo han utilizado en el propio beneficio personal o en beneficio del partido político-empresa.

Esta perversa forma de entender la política la han fomentado los propios partidos presentando a sus competidores como enemigos de la sociedad: los malos.

Las personas que votan a la derecha son enemigos de los que votan a la izquierda; y al revés, los que votan a la izquierda son irreconciliables con los que votan a la derecha. De esta manera han conseguido los votos “en negativo”.  Esto es: votar a favor de unos para que no resulten elegidos los contrarios-enemigos Ello ha generado un enfrentamiento soterrado dentro de los ciudadanos que no propicia nada bueno. Una de las cosas que hoy no se puede hacer, es hablar de política con ninguno de los que se consideren incluidos en alguno de los dos bandos. Si no lo evitamos, nos encontraremos con una posición cerril y por tanto rozando la irracionalidad.

Pero el resultado final es que la alternativa en presente es, más de lo mismo: mangantes los unos y chorizos los otros. Pero ellos sí que se han colocado adecuadamente con unas retribuciones escandalosas, para las personas situadas por debajo de la media. Esta situación no repele a ningún partido político ni, claro está, tampoco a ninguno de sus componentes.

Nos estamos situando en una sociedad dividida, de una parte, por las sectas y de otra, por la diferente de valoración del dinero, como comento al principio de este escrito, y esto es un hecho constatable.

El personal que nos gobierna no está arrepentido ni tiene propósito de la enmienda. Ellos nos ven a los ciudadanos en general, de una parte, como votantes de sus respectivos partidos y de otra, estoy empezando a notar, como si fuesen nuestros jefes: mi sensación es que “entre pillos anda el juego”, y es posible que haya personas decentes metidas en política, ¿pero la tentación del dinero fácil?

Desde la posición superior y de mando, se crea un punto de vista diferente del de los ciudadanos administrados, a ellos les parece que todo lo que hacen es para el bien común y además, barato y legal.

Los no metidos en esos andurriales lo vemos de forma distinta. En primer lugar nos parece que la contraprestación, de todo tipo, que reciben los políticos será legal, pero no puede considerarse justa. Por poner algún ejemplo: No es justo que un alcalde cueste a una ciudad de tipo medio 100.000 €; No es justo que un concejal de esa misma ciudad cueste algo, o poco menos que el alcalde; no es justo que la mayoría de concejales dispongan a su antojo de los medios propiedad de la ciudad, como si fuesen suyos; No es justo que puedan decidir sobre los impuestos que debemos abonar, sin pedir permiso para los derroches electoralistas; es, no solamente injusto, sino inmoral, endeudar a la ciudad para que las generaciones futuras tengan que pagar esas desvergonzadas obras con intención electoralista; No es justo el retorcido uso del dinero de nuestros impuestos para campañas de publicidad que buscan “comprar” la complicidad de los medios de comunicación, para facilitar el camino hacia “el cántico” de las bondades de los políticos pagadores (con nuestro dinero).

Si las personas o las organizaciones políticas quieren hacerse publicidad de sus bondades o logros, que lo hagan, pero con su dinero, no con el nuestro. Los ciudadanos sabemos cuáles cosas se hacen bien y cuáles se hacen mal y no necesitamos que nos bombardeen con su publicidad, que además nos obligan a que lo paguemos nosotros. Por favor déjense de cuentos y déjennos que podamos decidir libremente, que ya sabemos.

La sensación que se percibe, es una gran falta de respeto al dinero público, al dinero de todos. Reconozco que el tema del dinero me ha parecido siempre un asunto muy serio y los políticos que deciden sobre su gasto o derroche, se comportan como si estuviesen jugando con el Mono- poli y con billetes de mentirijillas. ¡Con el suyo es otra cosa!

Así que pido, más respeto a nuestro dinero.

Lesmes.

¡El dinero de los impuestos no es de los políticos!. Que no se les olvide.

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