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Cuando oigo las temperaturas MINIMAS del verano en España, me regocijo interiormente, por no tener que sufrir esas INCLEMENCIAS del tiempo (eso si son inclemencias, y no los cero grados en invierno). Eso de no poder dormir por exceso de calor es insoportable, y lo digo por experiencia, pues en una etapa de mi vida laboral, tuve que desplazarme todas las semanas a Extremadura.

En Burgos tenemos una temperatura perfecta: en invierno hace frio, ¡coño! como en casi todas partes ¿Qué nos tenemos que poner algo más ropa? si, pero eso es todo. Estando fuera del domicilio, encontramos calor en todas partes, cosa que no ocurre en todos los rincones de España. Mis recuerdo de pasar frío, no son de Burgos, son en Bilbao y Marbella (hace ya muchos años). Pero las tardes de verano, cuando sale nuestro fresco, son un privilegio desconocido e inexplotado por infravalorado.

La Marca de Burgos (digan los políticos lo que quieran) no es la gastronomía, que también, es el frio. La palabra Burgos se asocia inmediatamente con el frio. Si los que se gastan nuestro dinero decidiesen publicitarlo, tendríamos gratis el 90% ya hecho. En estos calurosos y agobiantes meses de Julio, Agosto e incluso Septiembre, podría ser un excelente atractivo invitar a visitarnos y compartir unos días placenteros. Nosotros queremos compartir el Fresco. No somos egoístas.

¿Porqué no? “Burgos la ciudad del frío” “nuestra especialidad en Verano”

Lesmes Peña Hurtado

Este comentario es ampliación de otro publicado a primeros de junio. VER TAMBIÉN.

DE LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER: Mensaje

DE LA ENFERMEDAD DE ALZHEIRMER. Carta a la incomprensión.

Todos habremos oído hablar de esta enfermedad, pero solo quienes lo han experimentado de cerca saben exactamente de qué se trata. No es una enfermedad al uso, donde, más o menos, se conoce su evolución así como la medicación y el tratamiento en todos los campos. En esta enfermedad todo es imprevisible y los puntos de vista de la misma muy diferentes. La mayor diferencia se va generando según la proximidad y convivencia con el enfermo: a mayor proximidad mayor conciencia de la situación, y naturalmente lo contrario cuando se trata de cortos encuentros.

Como buena parte de la sociedad actual tiene muchísimo tiempo para hablar, es bastante común juzgar comportamientos desde el más absoluto desconocimiento, y en el caso de esta enfermedad, sólo pueden saber de lo que se habla quienes tienen experiencia directa, a pesar de que cada enfermo es un caso diferente, aunque también hay comportamientos comunes previsibles, que los especialistas de esta enfermedad ya conocen y anuncian. A mí ya me lo anunciaron en su día.

Así que, silencio, por favor. Las palabras y los comentarios pueden producir aún más dolor en las personas próximas al enfermo, e incluso en el propio paciente. Propongo que cuando no se sepa de qué hablar, se hable del tiempo, que es lo que se ha hecho siempre porque a nadie perjudica.

No se pueden saber los pensamientos, o los sentimientos, de las personas que van viendo la progresiva degeneración de los comportamientos de la persona enferma; sin que el resto de la colectividad pueda apreciar, en una simple visita, el estado mental del paciente: este es uno de los momentos difíciles para quienes desde la proximidad aprecian esa decadencia que los demás aún no consideran.

Lesmes Peña Hurtado

LA REGULACIÓN DE LOS SEMAFOROS

LA REGULACIÓN DE LOS SEMÁFOROS

 

Han pasado muchos años desde que el ingeniero inglés P. Knight presentó el primer semáforo en el parlamento británico, el cual empezó a funcionar el 10 de diciembre de 1868. Este aparato imitaba las señales de un ferrocarril y usaba solo dos luces de gas, roja y verde. Pero con tan mala suerte, que explotó, matando a un policía, por lo que hasta el invento del automóvil no estuvo plenamente desarrollado.

Los semáforos actuales, por suerte, no tienen nada que ver  con los de aquella época; los modernos de ahora están equipados con sensores inteligentes para la detección  de vehículos.  Y también para detectar peatones o ciclistas que cruzan,  por lo que los semáforos actúan en consecuencia.

Estos días de frio intenso he observado que la  regulación de los semáforos en Burgos  es muy  poco consecuente con el flujo real de vehículos y de peatones. Desconozco a qué o a quién, se debe esta circunstancia.

Resulta incomprensible que con todas  las tecnologías actuales,  la  mayoría de los semáforos de Burgos den prioridad a los vehículos, antes que a las personas.  El tiempo de paso en el caso de los coches es muy superior al de los peatones, que, en algunos  casos, las personas se tienen que dar prisa para poder pasar durante el espacio destinado a ellas. Tan es así, que se llega a producir la paradoja de que hay momentos en que sobra tiempo para el paso de los carruajes. A la vez las personas tienen que permanecer esperando. Es sin duda un tiempo  muerto, que en invierno y a la intemperie, NO PARECE QUE SEA LO MÁS JUSTO.  Otra situación bien distinta  viven los que están  en el habitáculo de los vehículos, debidamente climatizados. Pero así no se producen atascos de coches y los munícipes tan contentos, aunque sea a costa del sufrimiento e incluso de la salud de los burgaleses  (y no pongo lo de burgalesas porque me parece una gilipollez, que sobra, ya prevista por la academia de la lengua española)

Lo justo sería que los peatones tuviesen prioridad. De tal forma que no tuviesen que esperar, repito “a la intemperie”. Y por la parte contraria, los ocupantes de los coches pueden aguantar más tiempo debidamente resguardados.

Esto que explico debiera de ser la filosofía básica, y una vez aceptada como tal, buscar las soluciones para lograrlo.  Es cuestión de combinar la tecnología moderna  de los sensores magnéticos, O utilizar el sentido común de las personas encargadas de gestionar  el  movimiento vehicular  y  peatonal de la  ciudad. Lo que sí es seguro que, desde el cómodo inmovilismo y la falta de iniciativa, esto no se puede llevar a cabo.

El juego está en comprender la situación y después pensar. No es posible que en el siglo de los avances tecnológicos, pueda afirmarse que esto no tiene solución.

Lo mejor de todo, es que la ciencia sigue avanzando en este tema, así lo demuestra la Universidad de Málaga y  la Universidad Nacional del Sur (UNS) en Bahía Blanca (Argentina). Que  han diseñado un sistema de computación que permite controlar toda la red de semáforos de una ciudad, cuyos resultados se han publicado en la revista IEEE Trans. on Evolutionary Computation, según informa la Fundación Descubre. “El sistema incluye como variables los numerosos vehículos, de diversos tipos que circulan a diario; las señales; los límites de velocidad de las vías. Combina los parámetros y los traslada a un simulador, donde se observan todos a la vez de manera dinámica”, ha explicado el catedrático de la Universidad de Málaga, Enrique Alba.

La clave está  pues, en saber utilizar  la tecnología ya existente, que cuenta  con dispositivos capaces de registrar variables de tránsito tales como: volumen, velocidad, ocupación, sentido, tipo de tránsito, presencia, etc, para coordinar los tiempos intermedios perdidos, que se regularían bajo la forma de intermitencia, que en el caso de que no haya nadie en la posición de prioritario, permitir que puedan cruzar coches o peatones, aunque no tengan prioridad y siempre que no haya peligro para la otra parte.

Ejemplos: cuando tenga prioridad el coche sin intermitencia, será igual que hasta ahora y también cuando el semáforo indique prioridad de los peatones sin intermitencia.

Dónde está “la madre del cordero” es en las fases de intermitencia, que tambien señalizarán la prioridad.

Cuando en intermitencia con prioridad de vehículos y haya alguno a la espera o de paso se mantendrá la prioridad, pero en el supuesto de que en esta fase no haya o se acaben los vehículos, puedan pasar los peatones.

Al revés estamos en la misma. Cuando la intermitencia indique prioridad para los peatones, estos pasarán hasta que se acaben las personas con actitud de cruzar, pero en el supuesto de que en esta fase no haya más peatones con la pretensión de cruzar, podrán hacerlo los coches.

Al final se trataría de habilitar cuatro formas para regular el tráfico urbano con semáforos: las dos fijas actuales y las dos nuevas en intermitencia.

Todo es discutible y sobre todo mejorable con otras iniciativas.

Lesmes Peña Hurtado.

 

La Música: El menos desagradable de los ruidos.

Pongo por delante que soy aficionado a la música melodiosa, tanto como escuchante, que cómo interpreté aprendiz, desde siempre. La frase que encabeza este comentario, la conocemos puesta en boca de Napoleón Bonaparte. Siempre me pareció una expresión desafortunada, pero el tiempo se ha encargado de ir dándolo le la razón, aunque solo sea en parte.
¿Es grato estar en un lugar donde el volumen atronador de la música, machaca los oídos e impide poder comunicarse por medio de la palabra?¿la música incomunica?.
Tengo la impresión de que últimamente la televisión aumenta el volumen cuando trasmiten los anuncios, lo que obliga a estar en todo momento con el mando en la mano; es una situación desagradable. Hay que empezar a dar la razón a Napoleón (aunque es seguro que él no se refería a la Tele). Me acuerdo de su frase cuando estoy viendo por televisión una película interesante y resulta que la música de fondo impide oír los diálogos; parece que es más importante la música de fondo (bastante ramplona en general, sólo ruido y más ruido) que la propia película. ¡Qué agradable ver y escuchar películas donde la música suena cuando procede, que las hay preciosas!. Pongamos que pienso en Charles Chaplin y sus numerosas películas con música irrepetible.
Lesmes Peña Hurtado