ALGO HUELE A PODRIDO

ALGO  HUELE  A  PODRIDO.

Poco a poco, vamos viendo la verdadera cara de nuestros políticos. Ya sabemos que el nuevo vicepresidente de la Junta, -el que dice ser la regeneración-  ha retomado la obsesión, de su conciudadano y antecesor en el cargo. Se pretende fusionar los pequeños pueblos de Castilla y de León con la disculpa de mejorar. Algunos solo vemos, hacer desaparecer el sentimiento local y provincial.  Una vez más, los intereses vallisoletanos  se pretenden imponer desde el centralismo más retrogrado.

Al respecto, los dos grandes partidos se han manifestado y coincidido en rechazar la “novedosa e ingeniosa idea” del vallisoletano señor Igea. No es habitual que los grandes partidos “den puntadas sin hilo”, por lo que cabe preguntarse por las encuestas privadas  que manejarán ambos partidos, para una coincidencia tan contundente.

Que los dos partidos con más poder coincidan en rechazar una iniciativa autonómica que pretende la anulación de sentimientos arraigados en el ser humano, es una gratificante esperanza de la posibilidad de recuperar la identidad que se nos pretende arrebatar definitivamente. Por mucho que se empeñen los hagiógrafos de las autonomías, el experimento ha resultado ser un fracaso, aunque se ha ido difuminando a través de las generosas dádivas autonómicas, con el dinero de todos. Pero esto, como todo, tiene su final.

Y para completar la operación centralista de la Metrópoli, el exvicepresidente,  echado del poder por las urnas, nos viene ahora con la otra milonga centralista: que se reconozca a Valladolid como la capital de las nueve provincias. Burgos, una de las siete provincias y media que han sido tratadas de manera inmisericorde desde Valladolid, parece que reacciona y se niega a la nueva sumisión. Bien, bien. ¡Ya es hora, políticos de Burgos! Lesmes Peña Hurtado

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