25 de Mayo. ¿Y ahora…qué?

25 de Mayo.
¿Y AHORA…….QUÉ?
Después de conocer los resultados electorales en Burgos Capital, me pregunto ¿y ahora qué puede ocurrir? Cualquier cosa. Los intereses de los partidos y de las personas que lo componen deciden lo que conviene al partido y a sus componentes (no debiera de ser así, pero es).
Leer que el alcalde en funciones, señor Lacalle, dice que “hablará con otras fuerzas” me produce sarpullido, porque, al parecer, pretende seguir ocupando la alcaldía cuando los votantes, mejor aún, SUS anteriores votantes, han manifestado a través de sus votos, que no le quieren como tal: su gestión como alcalde es claramente desaprobada precisamente por los suyos: los simpatizantes y votantes del Partido Popular en el año 2011. Los otros, o sea, Los Malos, ya sabemos que le han desaprobado siempre, pero que le rechacen los suyos es otra cosa muy diferente y más a tener en consideración.
Qué uno de cada tres votantes de hace cuatro años haya decidido no votar al señor Lacalle parece que el mensaje es… botarle.
Pero si analizamos todos los datos, resulta que: sobre un censo de alrededor de 130.000 personas con derecho a voto, solo cuenta con los votos de poco más de 28.000, que resulta ser: que poco más 20 de cada cien apoya al señor Lacalle ¿qué derechos le dan estas cifras para que pretenda seguir como alcalde de todos? Una temeridad escasamente democrática que con esa proporcionalidad se postule para el cargo. Lo procedente en este caso sería reconocer la pérdida de confianza de SU electorado natural y presentar su renuncia al cargo a la vista de rechazo de ha generado su gestión o su persona. El sectarismo hace ver al señor Lacalle que los 28.000 votos a su favor son más representativos que los 63.000 que han participado en la elección y que no le han votado. Si contamos con la totalidad del censo, serían 100.000 los que no le han apoyado, y pudieron hacerlo, si no han votado es porque no tenían ningún interés en apoyar su candidatura en especial.
El alcalde en funciones hasta el día 13 de junio, ha perdido: el utilizado casco en su etapa de escudero y corresponsable del Gran Derrochón; en los carteles electorales últimos, el flequillo; y en las últimas fotografías postelectorales, la sonrisa natural, o forzada, de los cientos de fotografías publicadas por el Diario de Burgos en la campaña fotográfica, de, más o menos tres meses todos los días. Uno debe de ser responsable de sus errores, incluso los de imagen. Las personas próximas deberían aconsejarle que no pierda también la dignidad, y se vaya a trabajar por cuenta propia o ajena, pero alejado de los centros de decisión. Es posible que pudiera haber sido “un buen sargento”, pero no “un buen capitán”. Su Cabo -en el argot militar- ha preferido los aires, satisfactorios y cómodos, del Pisuerga a los del Arlanzón, donde podía haber seguido, ¡pero no!. Sería interesante saber la opinión que el señor Ibáñez tiene de su jefe virtual durante estos últimos cuatro años, en los que ha aparecido como su sombra o su protección.
Y ahora vamos con la segunda -que es la más interesante-. Imaginémonos que, desgraciadamente, el “Partit dels Ciutadans de Catalunya – C´s”, apoya la candidatura del señor Lacalle para ocupar la alcaldía de Burgos. Se trata de la única opción con un mínimo de fuste, pero que no diga las tontadas de la gobernabilidad o estabilidad, porque hasta el más tonto sabe que de lo que se trata es de le apoyen para ser alcalde; lo demás son “pujoladas”: sólo le falta envolverse en la bandera burgalesa, para copiar “la letra y la música”.
Si se llegase a perpetrar este atentado a los más elementales principios de la dignidad política y personal, resultaría que el alcalde botado por “los suyos”, volvería a ser alcalde a pesar del rechazo de “los propios”. ¡Incoherencia total! Cualquier cosa es posible en este especial mundo del partidismo.
La maniobra -siempre posible- resultaría ser una burla al electorado precisamente del Partido Popular, que ha rechazado con sus votos a SU anterior alcalde, y que después se lo impone un partido -catalán en sus orígenes, después españolizado a los efectos electorales- por algún inexplicable cambalache que conviniese a Ciutadans desde Barcelona.
En tal supuesto sobrarían razones para despreciar al Partido Popular al no saber encajar el inicio de su descomposición como tal.
Mi opinión es, que después de ocho años de superficialidad y los últimos cuatro de soberbia, el resultado es el esperable en una sociedad que no es tan tonta como algunos medios de comunicación han dejado claro que suponían.
Lesmes Peña Hurtado

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