Archivos mensuales: noviembre 2018

La eterna contradicción de la política

LA ETERNA CONTRADICCIÓN DE LA POLÍTICA.
La Ley prohíbe el uso de sustancias adictivas porque supone un peligro para las personas. Para su persecución el Estado dedica muchos recursos. Pero ese mismo Estado, genera una clara contradicción cuando permite una machacona publicidad que alienta y estimula otra adicción no menos destructiva que los estupefacientes: me refiero a la Ludopatía. Esta patología, al igual que el consumo de estimulantes, genera unos trastornos personales y familiares de consecuencias impredecibles y destructivas para las personas que lo padecen, y que lo sufre además todo su entorno..
Por si fuera poco, en las capas sociales donde hace más estragos esta adicción es precisamente en sectores de la población con recursos económicos escasos, que confía en el azar para mejorar su nivel de vida, que es lo que promueve la publicidad del juego.
La guinda la está poniendo ahora la propia TV pública con la publicación de anuncios para promover llamadas a números de teléfono que paga quien efectúa la llamada: los 906; 905, etc. Cuando llegue la factura tendrán que pagar esas “inocentes llamadas” para lograr premios en metálico, coches o cualquier cosa que fomente esta indecente manera de ganar dinero a cuenta de unos cándidos “pardillos”.
Las empresas o entidades que organizan esos juegos, lo hacen para obtener unos beneficios, que lo es, naturalmente, a costa de los jugadores que lo pierden, que, ¡no se olvide!, son la inmensa mayoría. Todo ello se convierte en una forma de recaudación del Estado y con ello no se contribuye a crear riqueza o puestos de trabajo, sino pobreza y frustración.
La sabiduría popular lo ha tenido siempre muy claro: “La mejor lotería, el trabajo y la economía”, y la publicidad del juego “vende” que hay que confiar en el azar para mejorar la economía, que es una gran falacia, digna de mentes retorcidas y despreciables.
Por todo lo que antecede procede proponer la prohibición de todo tipo de publicidad que conlleve el estímulo o engaño a confiar en el azar para lograr los sueños de mejora económica. No propongo la supresión de la lotería, ni el cupón, ni las quinielas, ni nada que sea coartar la libertad, pero sí prohibir la engañosa publicidad.
Lesmes Peña Hurtado

A LA CARGA, SIN PIEDAD

A LA CARGA: LA JUNTA DE VALLADOLID A LO SUYO.
La voracidad de nuestros “amigos” de Valladolid no tiene límites, hasta el vivero de plantas de Los Guindales hay que cerrar en Burgos. Me resulta incomprensible que los burgaleses en masa no nos revelemos ante la persecución a que somos sometidos desde Valladolid. TO PA CASA.
No les parece suficiente lo que ya se han llevado. Parece que el fondo del arrinconamiento de Burgos no sea ya el descarado centralismo, sino que el odio hacia esta tierra, que sigue siendo Cabeza de Castilla, es hacerla desaparecer.
Debemos de reconoceré que el tiempo corre a su favor, pues las nuevas generaciones aceptan la situación como algo normal dada la manipulación que se ha hechos desde “el centro del centralismo del universo universal”. La gran mentira de esta cosa llamada Castilla y León es olvidar que lo primero que hicieron desde Valladolid fue romper Castilla, echando de la preautonomía a las castellanas provincias de Santander y Logroño, hoy Cantabria y La Rioja “dos naciones”.
“La Cosa” está compuesta, por las cinco provincias leonesas (León, Zamora, Salamanca, Valladolid y Palencia) y los cascotes de la Castilla rota, que es lo que convenía al imperialismo Vallisoletano, y cuando escribo imperialismo lo hago desde la propia afirmación vallisoletana de que aquella ciudad fue creadora de un Imperio y capital de España durante dos siglos, lo cual es falso, pues lo recogido por la historia anterior a la creación de La Cosa de Valladolid, nos dice que el Duque de Lerma trasladó la capital de España a Valladolid hasta de vendió sus propiedades a los cortesanos, lo que tardó unos cuatro años. Una vez realizada la venta, trasladó la Capital de nuevo a Madrid. El tiempo que duró la Capital de España en Valladolid fue de 6 (seis) años, final del siglo XVII y principios del XVIII .
Lo demás es una manipulación realizada por el conjunto de personajes vallisoletanos o vallisoletanizados, de una manera u otra.