Archivos mensuales: febrero 2015

LA REGULACIÓN DE LOS SEMAFOROS

LA REGULACIÓN DE LOS SEMÁFOROS

 

Han pasado muchos años desde que el ingeniero inglés P. Knight presentó el primer semáforo en el parlamento británico, el cual empezó a funcionar el 10 de diciembre de 1868. Este aparato imitaba las señales de un ferrocarril y usaba solo dos luces de gas, roja y verde. Pero con tan mala suerte, que explotó, matando a un policía, por lo que hasta el invento del automóvil no estuvo plenamente desarrollado.

Los semáforos actuales, por suerte, no tienen nada que ver  con los de aquella época; los modernos de ahora están equipados con sensores inteligentes para la detección  de vehículos.  Y también para detectar peatones o ciclistas que cruzan,  por lo que los semáforos actúan en consecuencia.

Estos días de frio intenso he observado que la  regulación de los semáforos en Burgos  es muy  poco consecuente con el flujo real de vehículos y de peatones. Desconozco a qué o a quién, se debe esta circunstancia.

Resulta incomprensible que con todas  las tecnologías actuales,  la  mayoría de los semáforos de Burgos den prioridad a los vehículos, antes que a las personas.  El tiempo de paso en el caso de los coches es muy superior al de los peatones, que, en algunos  casos, las personas se tienen que dar prisa para poder pasar durante el espacio destinado a ellas. Tan es así, que se llega a producir la paradoja de que hay momentos en que sobra tiempo para el paso de los carruajes. A la vez las personas tienen que permanecer esperando. Es sin duda un tiempo  muerto, que en invierno y a la intemperie, NO PARECE QUE SEA LO MÁS JUSTO.  Otra situación bien distinta  viven los que están  en el habitáculo de los vehículos, debidamente climatizados. Pero así no se producen atascos de coches y los munícipes tan contentos, aunque sea a costa del sufrimiento e incluso de la salud de los burgaleses  (y no pongo lo de burgalesas porque me parece una gilipollez, que sobra, ya prevista por la academia de la lengua española)

Lo justo sería que los peatones tuviesen prioridad. De tal forma que no tuviesen que esperar, repito “a la intemperie”. Y por la parte contraria, los ocupantes de los coches pueden aguantar más tiempo debidamente resguardados.

Esto que explico debiera de ser la filosofía básica, y una vez aceptada como tal, buscar las soluciones para lograrlo.  Es cuestión de combinar la tecnología moderna  de los sensores magnéticos, O utilizar el sentido común de las personas encargadas de gestionar  el  movimiento vehicular  y  peatonal de la  ciudad. Lo que sí es seguro que, desde el cómodo inmovilismo y la falta de iniciativa, esto no se puede llevar a cabo.

El juego está en comprender la situación y después pensar. No es posible que en el siglo de los avances tecnológicos, pueda afirmarse que esto no tiene solución.

Lo mejor de todo, es que la ciencia sigue avanzando en este tema, así lo demuestra la Universidad de Málaga y  la Universidad Nacional del Sur (UNS) en Bahía Blanca (Argentina). Que  han diseñado un sistema de computación que permite controlar toda la red de semáforos de una ciudad, cuyos resultados se han publicado en la revista IEEE Trans. on Evolutionary Computation, según informa la Fundación Descubre. “El sistema incluye como variables los numerosos vehículos, de diversos tipos que circulan a diario; las señales; los límites de velocidad de las vías. Combina los parámetros y los traslada a un simulador, donde se observan todos a la vez de manera dinámica”, ha explicado el catedrático de la Universidad de Málaga, Enrique Alba.

La clave está  pues, en saber utilizar  la tecnología ya existente, que cuenta  con dispositivos capaces de registrar variables de tránsito tales como: volumen, velocidad, ocupación, sentido, tipo de tránsito, presencia, etc, para coordinar los tiempos intermedios perdidos, que se regularían bajo la forma de intermitencia, que en el caso de que no haya nadie en la posición de prioritario, permitir que puedan cruzar coches o peatones, aunque no tengan prioridad y siempre que no haya peligro para la otra parte.

Ejemplos: cuando tenga prioridad el coche sin intermitencia, será igual que hasta ahora y también cuando el semáforo indique prioridad de los peatones sin intermitencia.

Dónde está “la madre del cordero” es en las fases de intermitencia, que tambien señalizarán la prioridad.

Cuando en intermitencia con prioridad de vehículos y haya alguno a la espera o de paso se mantendrá la prioridad, pero en el supuesto de que en esta fase no haya o se acaben los vehículos, puedan pasar los peatones.

Al revés estamos en la misma. Cuando la intermitencia indique prioridad para los peatones, estos pasarán hasta que se acaben las personas con actitud de cruzar, pero en el supuesto de que en esta fase no haya más peatones con la pretensión de cruzar, podrán hacerlo los coches.

Al final se trataría de habilitar cuatro formas para regular el tráfico urbano con semáforos: las dos fijas actuales y las dos nuevas en intermitencia.

Todo es discutible y sobre todo mejorable con otras iniciativas.

Lesmes Peña Hurtado.

 

¿ES BUENA LA DESCENTRALIZACIÓN O NO?

Las Diputaciones. ¿Es buena la descentralización o no?

 

De vez en cuando se oye hablar de propuestas de desaparición de las Diputaciones Provinciales. Reconozco que no comprendo el razonamiento de estas propuestas, porque sólo he oído la enunciación, pero no ninguna explicación coherente.

 

Todas las opiniones son dignas de respeto, incluida la mía, porque es seguro que se hacen desde la buena fe. Cada cual expone su punto de vista y yo, además de enunciar lo que antecede, me voy a permitir exponer mis reflexiones al respecto.

 

A favor de defender la existencia de las diputaciones provinciales está el hecho constatable de que la autonomía del País Vasco es de las que mejor funciona a muchos niveles y son precisamente las diputaciones provinciales las que gestionan gran parte de estas competencias, con notables ventajas para los ciudadanos de esas provincias.

 

Similar reflexión podemos hacer respecto a las autonomías uniprovinciales, en las que diputación y comunidad autónoma funcionan al unísono y a satisfacción de sus “suertudos” ciudadanos. ¿Por qué no podemos las demás provincias aspirar a esa beneficiosa situación?

 

Los hechos evidencian que la administración más cercana es la que mejor funciona, porque todos nos conocemos y el enchufismo y la corrupción se notan cuando se está más cerca. Por el contrario la administración lejana permite mucho más libertinaje del gremio político.

 

Más pronto o más tarde serán rechazadas las autonomías pluriprovinciales, que  han demostrado ser un error histórico. Cuanto antes se reconozca el error, más pronto se podrán adoptar las mejoras. Y las diputaciones provinciales deben de estar ahí, cuando se produzca la supresión del GRAN ERROR del siglo XX.

 

La Comunidad de Castilla y de León, una de las primeras cosas que hizo fue suprimir la palabra provincia; a la vez, en los mapas editados por la Junta, allá por los años ochenta y tantos, fue borrar los límites provinciales. Todo ello en un claro atentado a la existencia del concepto provincia de la que su máxima expresión es la diputación. ¿A que vienen sino las denominaciones de delegaciones territoriales de la Junta, en lugar de delegaciones provinciales?

 

Por el contrario yo creo que, puestos a suprimir, ¿por qué no suprimimos las comunidades autónomas que son las que han creado la mayor parte de los problemas que tenemos los españoles?: el desbocado aumento de la  burocracia, doblando o triplicando funciones y funcionarios, en muchos casos en forma de descarado enchufismo. ¡Pero como está lejos y está todo muy agrandado, sólo lo intuimos!

 

Las Comunidades Autónomas será quizás el agujero más importante por donde se escapa el dinero de todos los españoles y donde se han dado los más escandalosos casos de corrupción, lo que no ha ocurrido, que se sepa públicamente, en las diputaciones. Entonces, ¿Qué hacemos? ¿Suprimimos las controladas diputaciones o apoyamos los nidos de corrupción, despilfarro y enchufismo que son la mayoría de las autonomías pluriprovinciales?

 

Hoy, seria obligatorio, no solo respetar a las diputaciones, que  existían dos siglos antes que las CCAA, y que han hecho, a lo largo de ese tiempo, méritos propios para no cuestionarse su existencia, sino potenciarlas.

 

Lo que procede hoy es la creación de una “Hoja de Ruta” para el  traspaso de competencias de las autonomías hacia las diputaciones, lo que sería la verdadera descentralización, que hasta ahora no se ha producido, porque lo que se ha hecho hasta ahora ha sido cambiar el centralismo tradicional de Madrid por otro de nuevo cuño, pueblerino, más centralista e inútil.

 

La provincia es nuestro sentimiento de patria chica, nuestras raíces, nuestras costumbres, que se han tratado de sustituir por el invento autonómico. Un claro ejemplo es la Fundación Villalar, que tiene por objetivo crear sentimiento de comunidad: un claro derroche sin fuste ni futuro.

 

L.P.H.

CON EL ACTUAL SISTEMA POLÍTICO NUNCA SALDREMOS DE LA CRISIS

El actual sistema se basa de forma indecente, fundamentalmente en aumentar la diferenciación económica entre los ciudadanos. Hoy, para unos hablar de 1.000 € de retribución mensual, es, sencillamente insultante. Pero para otra parte importante de la sociedad es motivo de alegría e incluso euforia.

Pero ¿esto es natural? No. Desde la llegada de la democracia se ha ido tejiendo una especie de tela de araña en la que nos ha ido enredando a toda la ciudadanía. La fórmula ha sido simple: se ha inoculado el veneno de las sectas a través de los conocidos dogmas políticos, identificados como derecha e izquierda. Todo este manejo ha ido entonteciendo a la sociedad en general, que lejos de dar su voto, utilizando el sentido común, ha dado un cheque en blanco a cualquiera de los partidos en liza, que lo han utilizado en el propio beneficio personal o en beneficio del partido político-empresa.

Esta perversa forma de entender la política la han fomentado los propios partidos presentando a sus competidores como enemigos de la sociedad: los malos.

Las personas que votan a la derecha son enemigos de los que votan a la izquierda; y al revés, los que votan a la izquierda son irreconciliables con los que votan a la derecha. De esta manera han conseguido los votos “en negativo”.  Esto es: votar a favor de unos para que no resulten elegidos los contrarios-enemigos Ello ha generado un enfrentamiento soterrado dentro de los ciudadanos que no propicia nada bueno. Una de las cosas que hoy no se puede hacer, es hablar de política con ninguno de los que se consideren incluidos en alguno de los dos bandos. Si no lo evitamos, nos encontraremos con una posición cerril y por tanto rozando la irracionalidad.

Pero el resultado final es que la alternativa en presente es, más de lo mismo: mangantes los unos y chorizos los otros. Pero ellos sí que se han colocado adecuadamente con unas retribuciones escandalosas, para las personas situadas por debajo de la media. Esta situación no repele a ningún partido político ni, claro está, tampoco a ninguno de sus componentes.

Nos estamos situando en una sociedad dividida, de una parte, por las sectas y de otra, por la diferente de valoración del dinero, como comento al principio de este escrito, y esto es un hecho constatable.

El personal que nos gobierna no está arrepentido ni tiene propósito de la enmienda. Ellos nos ven a los ciudadanos en general, de una parte, como votantes de sus respectivos partidos y de otra, estoy empezando a notar, como si fuesen nuestros jefes: mi sensación es que “entre pillos anda el juego”, y es posible que haya personas decentes metidas en política, ¿pero la tentación del dinero fácil?

Desde la posición superior y de mando, se crea un punto de vista diferente del de los ciudadanos administrados, a ellos les parece que todo lo que hacen es para el bien común y además, barato y legal.

Los no metidos en esos andurriales lo vemos de forma distinta. En primer lugar nos parece que la contraprestación, de todo tipo, que reciben los políticos será legal, pero no puede considerarse justa. Por poner algún ejemplo: No es justo que un alcalde cueste a una ciudad de tipo medio 100.000 €; No es justo que un concejal de esa misma ciudad cueste algo, o poco menos que el alcalde; no es justo que la mayoría de concejales dispongan a su antojo de los medios propiedad de la ciudad, como si fuesen suyos; No es justo que puedan decidir sobre los impuestos que debemos abonar, sin pedir permiso para los derroches electoralistas; es, no solamente injusto, sino inmoral, endeudar a la ciudad para que las generaciones futuras tengan que pagar esas desvergonzadas obras con intención electoralista; No es justo el retorcido uso del dinero de nuestros impuestos para campañas de publicidad que buscan “comprar” la complicidad de los medios de comunicación, para facilitar el camino hacia “el cántico” de las bondades de los políticos pagadores (con nuestro dinero).

Si las personas o las organizaciones políticas quieren hacerse publicidad de sus bondades o logros, que lo hagan, pero con su dinero, no con el nuestro. Los ciudadanos sabemos cuáles cosas se hacen bien y cuáles se hacen mal y no necesitamos que nos bombardeen con su publicidad, que además nos obligan a que lo paguemos nosotros. Por favor déjense de cuentos y déjennos que podamos decidir libremente, que ya sabemos.

La sensación que se percibe, es una gran falta de respeto al dinero público, al dinero de todos. Reconozco que el tema del dinero me ha parecido siempre un asunto muy serio y los políticos que deciden sobre su gasto o derroche, se comportan como si estuviesen jugando con el Mono- poli y con billetes de mentirijillas. ¡Con el suyo es otra cosa!

Así que pido, más respeto a nuestro dinero.

Lesmes.

¡El dinero de los impuestos no es de los políticos!. Que no se les olvide.

TORPEZA POLÍTICA GENERALIZADA

 

TORPEZA POLÍTICA GENERALIZADA

A veces es difícil discernir en algunos escritos publicados: o no se sabe entender las cosas, o se actúa de mala fe.

Ahora me estoy refiriendo a la manifestación de ayer en Madrid, convocada por PODEMOS, bajo la denominación La Marcha del Cambio. No tratada demasiado bien por los medios de comunicación: 100.000 personas desplazadas son muchas, sin entrar en la guerra de cifras.

Cuando he leído la palabra Cambio he recordado esa misma palabra utilizada por el PSOE en las elecciones de 1982, que pretendía un cambio de gobierno, como así fue.

El cambio que ahora pretende PODEMOS, no es un simple cambio de gobierno. Ha salido a relucir la frase Cambio de Régimen que no tiene nada que ver con el cambio de gobierno de Felipe González.

El Cambio de 1982, no supuso ningún cambio de régimen. Todo, o casi todo, continuó como con el anterior gobierno. No se produjo una regeneración del sistema, sólo se cambió a las personas de confianza del anterior gobierno, pero en el fondo “sólo se cambió lo imprescindible, para que todo el régimen siguiese funcionando igual”.

Los españoles que somos ponedores de dinero derivado de nuestro trabajo hemos ido viendo cómo han cambiado las personas en puestos de mando, desde el franquismo hasta hoy. Pero las actitudes totalitarias han cambiado muy poco.

La diferencia más notoria, es que con Franco, nos imponían los dirigentes totalitarios y ahora los elegimos nosotros, pero siguen siendo, salvo excepciones, comportamientos totalitarios “aquí mando yo, y el que no esté de acuerdo, que vaya a los Juzgados”.  Y cómo esto es una chulería, tienen que proteger su físico, precisamente, de la gente normal, harta de todos los mangantes que vamos eligiendo.

Algunos cambios sí se han producido, pero han sido “cambios a peor”. El inmoral, indecente y despreciable capitalismo salvaje (que denunciaba permanentemente Marcelino Camacho “El Gran Capital”) se ha incrustado en nuestra sociedad con la ayuda y complacencia de las organizaciones políticas, sindicales y empresariales. Todos a “chupar del bote”. Y no hace falta poner ejemplos.

Me gustaría confiar en “El Cambio de Régimen” que pregona PODEMOS, pero ya veremos lo que nos depara si llegase a gobernar. Pienso que es muy difícil ir a peor, ni siquiera desde el catastrofismo que anuncian los partidos conservadores e inmovilistas, que son todos los que han tocado poder durante estos cuarenta últimos años.

Mi visión de la situación actual política es que ha sido El Sistema la causa de la corrupción generalizada. Los políticos han sido los trabajadores del régimen.

Todo este tinglado se inicia con “la liberación del suelo construible”, pues está basado en la construcción. El paso siguiente es, casi, el normal: la desmedida ambición y la facilidad de obtener dinero en cantidad hace el resto. Avaros de poder y de dinero: los políticos y los caciques ricos.

Llevamos unos años pagando aquel disparate y sólo hay una manera de acabar con ello, y es, “romper la baraja” de todos los chanchullos que se han ido gestando durante los 40 años de democracia: todo han sido privilegios para unos pocos; engaños que benefician a otros pocos; amén de pactos inmorales entre políticos y poderosos, en beneficio de ambos; prebendas de por vida, sólo por razones partidistas; todo un ejemplo de comportamiento aprovechado y siempre en perjuicio de los mismos. ¿Cuál debe de ser la reacción esperable de la ciudadanía consciente de los abusos a que ha sido sometida? No otra que la de acabar con cualquier viso de continuidad. Y es lo que representa PODEMOS. “Una revolución pacífica, por vía de las urnas”.

Que no se engañen las personas políticas, aledaños y demás privilegiados, esto no es una broma. ¡Ustedes sí que son una broma, pero de muy mal gusto, que dura demasiado tiempo! Ahora toca el final de este indecente  sistema. Estamos ante un cambio de ciclo. Aunque no estoy seguro si quienes deben ejecutarlo son unos profesores universitarios, que hacen alarde permanentemente de clasismo. No me parece suficiente lo de profesores universitarios, sin otros títulos y experiencias vitales, podemos estar ante vanos teóricos, que tampoco lo han detectado los que tratan de desacreditarlos por los procedimientos políticos históricos. ¡Bah!

Lesmes Peña Hurtado